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Martes, Octubre 24, 2017
   
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LA REVALORACIÓN DE LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA FRENTE A LA EXPLOTACIÓN DE RECURSOS NATURALES NO RENOVABLES

La diversidad biológica, o «biodiversidad», se ha convertido en los últimos años en un concepto mejor entendido y apreciado por la sociedad peruana. El fenómeno de la gastronomía (y su reivindicación de las riquezas y productos culinarios nativos); los programas turísticos (que rescatan el patrimonio paisajístico y cultural del país); la elevación del perfil de «lo ambiental» a partir de la creación del MINAM; el debate sobre los transgénicos (y la cerrada defensa en favor de la biodiversidad nativa); y una mayor exposición del drama de la explotación forestal en la Amazonía, entre otros factores, han contribuido a un proceso creciente de revaloración social y económica de la biodiversidad en sus diferentes niveles: ecosistemas, especies y genes.

Frente a esto, en los últimos años se ha construido un marco normativo muy interesante alrededor de la biodiversidad. En algunos casos, con instrumentos de protección y preservación, como la normativa sobre áreas protegidas, acceso a recursos genéticos o protección de los conocimientos tradicionales; en otros casos, con instrumentos promotores y que buscan incentivar el uso sostenible de sus componentes, como la estrategia nacional de diversidad biológica, la ley sobre plantas medicinales, el reglamento de uso turístico en áreas naturales protegidas, la propia ley forestal, y las normas sobre áreas de conservación privada o sobre cuotas de pesca.

Sin embargo, el Perú no es solamente un centro de diversidad biológica, sino un centro de riqueza en recursos naturales no renovables, principalmente minerales e hidrocarburos. Históricamente, se ha puesto mucho énfasis en la actividad extractiva de estos recursos, con los consecuentes efectos que esto tiene sobre la biodiversidad y sus componentes. Basta recordar que la riqueza biológica y la riqueza mineral muchas veces se superponen y que ha habido una tendencia política a favorecer formas rápidas de generación de divisas a partir de la extracción y exportación de materia prima. La «locomotora» de la exportación y la búsqueda de mercados en las últimas décadas, unidas a los excelentes precios internacionales de los productos minerales y agroindustriales, han desplazado ese reconocimiento de la biodiversidad como riqueza. A eso se le suma un reconocimiento social que está aún lejos de traducirse en prioridades de desarrollo nacional basadas en esta riqueza y en la generación de un nuevo norte hacia el cual apunten las políticas públicas de desarrollo integradas con los marcos normativos de conservación.

Superar esta tensión y tratar de conciliar los intereses de un país increíblemente rico en biodiversidad y cultura, pero igualmente privilegiado en recursos naturales no renovables, plantea un desafío continuo y permanente que el país debe superar o gestionar de manera inteligente para bien de las futuras generaciones. Los conflictos sociales alrededor de la explotación minera y de hidrocarburos en la Amazonía, son en esencia el reflejo de una tensión latente entre intereses contrapuestos vinculados a los recursos naturales no renovables y la biodiversidad.

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