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Sábado, Octubre 21, 2017
   
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LOS ANTECEDENTES DE LA DISCUSIÓN SOBRE EL CONTROL Y USO DE LOS RECURSOS GENÉTICOS

Durante años, se consideró que los recursos genéticos eran patrimonio de la humanidad. Por ende, el acceso y el uso de  los mismos debían de darse de una manera libre y no debían ser restringidos de ninguna manera. El Compromiso Internacional de Recursos Fitogenéticos de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO, 1983) era un instrumento internacional (no vinculante) que reconocía este principio universal. Aunque aplicado a los recursos utilizados en la agricultura y la alimentación exclusivamente, de él se derivaba el principio de libre acceso a todo tipo de recursos genéticos.

En la práctica, en los países megadiversos era fácil acceder a este patrimonio natural y utilizarlo. Los zoológicos, los jardines botánicos, los centros de investigación, las compañías biotecnológicas, los herbarios, los acuarios, entre otros lugares, usaban elementos de este patrimonio (en el ámbito de genes y especies) para fines comerciales y no comerciales, y rara vez reconocían derechos a los países en cuyos territorios encontraban el origen de esta diversidad biológica y, menos aún, se les compensaba equitativamente por su utilización.

Con el advenimiento de la biotecnología y el fortalecimiento de los sistemas de propiedad intelectual (en especial, de los patentes), los países megadiversos eran testigos de cómo sus recursos eran usados (libremente) y sometidos a derechos privados sin ningún reconocimiento al origen, ni tampoco compensación. Sobre la base de estos recursos, se desarrollaban nuevos productos (derivados directa o indirectamente de ellos) que se sujetaban a alguna forma de propiedad intelectual. Ciertamente, el proceso de investigación y desarrollo agregaba valor, pero no se reconocían las rentas existentes sobre la materia prima proporcionada por los países megadiversos. Había una apropiación de un valor no compensada.

Se calcula que el mercado anual de los recursos genéticos en distintas áreas industriales y comerciales es de alrededor de US$ 500 mil millones. No es casualidad que los principales centros de conservación ex situ del mundo (jardines botánicos, bancos de semillas, centros de investigación biotecnológica, etc.) se encuentren en países industrializados, particularmente en Estados Unidos, los países europeos y Japón.

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